...cuEntos paRa ni?Os fEos cuentos de hormigas cerdos vacas lunas piedras corderitos miradas caca y amor
9/18/2003
Toninho el Elefante
Hay veces en las que sentirse solo provoca un creciente sentimiento de rechazo hacia la alteridad (los otros); así, el que se ve relegado a pasar la mayoría de su existencia en compańía de nadie, es decir solo, activa como respuesta inconsciente un mecanismo de autarquía egoísta, a la vez que se hincha de amor propio, se auto-convence de que no necesita a nadie más, y se representa a sí mismo como un héroe maldito e incomprendido, incapaz de querer a quien no le ha querido, y por lo tanto enamorado solamente de sí.
No es este el caso de Toninho el Elefante.
Toninho se ha dado cuenta de que necesita a los demás, cada vez más, necesita tocar a alguien, intercambiar alguna palabra (en el dialecto de Manaus, Brasil, de donde es él o en cualquier otra lengua), aunque sólo sea para sentir el calor de algún aliento ajeno, y esa sensación tan agradable que él sólo ha podido experimentar un par de veces en la vida: la sensación de notar como el vapor del aliento de alguien le empańa los ojos (los ojos de elefante se empańan, por eso no les hace falta llevar gafas), y como la vista se le nubla durante unos instantes;
cómo desearía Toninho que esos instantes se le hubieran hecho eternos, y que sus ojos, empańados de ese vaho hecho de compańía, no hubieran podido ver que está solo.
Toninho no es uno de esos que se refugian en sí mismos y se empeńan en buscar en su interior todo lo que no encuentran allá afuera, o que incluso creen que en su interior hay cosas mejores que las de allá afuera.
No, Toninho sigue esperando, y no culpa a nadie (ni siquiera a los caimanes) de su situación, ni siquiera se culpa a sí mismo. żDe que sirve echar culpas? Toninho sigue esperando, porque necesita que alguien le hable (y le empańe los ojos con los que espera, siempre con mirada atenta, la llegada de ese momento), y necesita que alguien le toque, aunque sólo sea para oír las pequeńas sonrisitas que espontáneamente se les escapan a los poros de su piel (los poros de los elefantes tienen sentimientos, y sonríen, claro, cuando se encuentran con los poros de otros), y estar contento porque sus poros ríen; y estar contento porque sus ojos pueden estar abrigaditos con ese vaho amigo, y
Y Toninho, sigue esperando, y sus ojos siguen atentos, y sus poros siguen ilusionados con volver a sonreír.