...cuEntos paRa ni?Os fEos cuentos de hormigas cerdos vacas lunas piedras corderitos miradas caca y amor
11/12/2003
Animales Extrańos (gusanitos invisibles) :
Ella estaba a gusto cuando se quedaba a solas con su gatita ciega, porque además así no se le escapaban esas miradas fugaces que solía hacer para cerciorarse de que no la estuvieran mirando.
La gata era ciega, y ella podía contarle tranquila sus fantasías, segura de que nadie la estuviera observando.
A ella las miradas le hacían más dańo que a la mayoría de gente. Siempre se había sentido desprotegida ante una mirada, no sabía cómo defenderse de todos esos gusanitos invisibles que salen lanzados a grandes velocidades cada vez que alguien mira, y que van directos a perforar a aquél que es mirado.
Por eso se había acostumbrado a mirar-para-asegurarse-de-que-no-la-estaban-mirando.
Pero esa mirada-para-asegurarse era a la vez su perdición.
Lo que ella desconocía es que los gusanitos invisibles sólo pueden realizar su perforación si encuentran una puerta de entrada;
lo que ella desconocía es que la única puerta por la que los gusanitos pueden entrar son los ojos;
lo que ella desconocía era que el único momento en que los gusanitos invisibles pueden entrar en unos ojos es cuando estos contra-miran, es decir, cuando miran una mirada, cuando los ojos miran a los ojos que los están mirando;
lo que ella desconocía era que las únicas miradas que duelen son las miradas que se cruzan, las miradas que se miran: mirar una mirada es mirar cómo te miran a los ojos: eso es lo que duele;
lo que ella desconocía, y ahí residía su perdición, es que cada vez que miraba-para-asegurarse-de-que-no-la-estaban-mirando lo que en realidad hacía era dejar una puerta abierta a los gusanitos invisibles para que la perforaran.
Y eso dolía.
...
Aunque quizás sus miradas no eran para asegurarse de nada..
y quizás ella era, en el fondo, consciente de que, mirando, abría sus puertas a los gusanitos invisibles.
Y quizás ella en realidad buscaba capturar cuantas más miradas mejor, cuantos más gusanitos mejor, para que la llenaran, y para notar ese dolor tan extrańo, tan intenso, y tan bello, esa perforación tan brutal que la hacía completamente vulnerable, que la llenaba de un miedo liberador, esa mirada que le desabrochaba las entrańas y la descosía, que le hacía sentirse frágil, y libre, y viva.